Es posible que hayas notado tu cabello reseco y deshidratado durante el invierno, pero cuando el aire empieza a calentarse su contenido de humedad aumenta de forma natural, dejando el pelo encrespado y rebelde. La exposición al sol, aunque es buena para el cabello en pequeñas dosis, en exceso puede crear un estrés adicional, a veces incluso comprometiendo el color, el contenido de proteínas y el brillo del cabello. Este estrés, combinado con los cambios de temperatura, puede culminar en la caída del cabello. (No hay que preocuparse: la "muda" de otoño y primavera es habitual).